LA VERGÜENZA APRISTA CON LOS DAMNIFICADOS DEL TERREMOTO

Lamentablemente los apristas usaron esta desgracia para hacer caja, pagando a asesores y técnicos de alto rango y recompensando a los compañeros para devolverles el apoyo de campaña, porque así funcionan, solo en repartijas y negociados. Voy a citar la clara explicita exposición de Agusto Alvarez Rodrich sobre el tema.

Luego de la tremenda protesta social que hubo en el sur chico en agosto de 2009 por el lentísimo avance de la reconstrucción, ha habido algunas obras. Pero son tan poco significativas que el presidente Alan García no las mencionó en su mensaje de fiestas patrias ni las promociona en su campaña ‘El Perú avanza’ sino solo con avisos firmados por Forsur, una entidad ineficiente desde que nació, cuando se ensayó un esquema con gerentes privados que fue un fracaso clamoroso.

Todo desastre como el sufrido por el sur chico constituye una tragedia, y este lo fue pues liquidó a 595 personas y ocasionó un daño material significativo incluyendo la destrucción de 76 mil viviendas. Pero estas tragedias también representan oportunidades políticas para que los estadistas y sus gobiernos demuestren solidaridad con el necesitado y capacidad de reacción a través de una respuesta del Estado que sea articulada, eficiente, transparente y rápida para remediar el problema

Es decir, nada de lo que ocurrió en el sur chico a pesar de que este es, quizá, el lugar del país más favorable para ello: cerca de Lima; con una carretera y un aeropuerto por los cuales se puede trasladar con rapidez el material para la reconstrucción; en una zona con una economía muy dinámica y muchas oportunidades de empleo; y con una solidaridad muy grande en Lima –donde se toman las decisiones políticas y económicas– porque en la capital también se sintió el terremoto con intensidad parecida pero sin que ahí hubiera muertes, a diferencia de lo ocurrido en Pisco, Chincha e Ica, además de Huancavelica.

A pesar de ello, la reconstrucción es un fracaso y una vergüenza. El motivo: un sector público ineficiente sin capacidad de reacción ni de articular el esfuerzo de los gobiernos central, regional y municipal, además de mucha corrupción.

Reitero mi desconfianza y mi denuncia, ya que, la corrupción sigue siendo nuestro peor mal, lamentablemente estamos enpanzando con nuestros impuestos a unos comechados (suelen ser apristas aunque no es un regla) y si lo decimos resultamos siendo PERROS DEL HORTELANO.

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