Se confirman inequivocamente la responsabilidad del gobierno en los hechos de Bagua

Este conflicto se inicio hace al menos un año. El año pasado hubo un paro amazónico que duro varias semanas pidiendo la derogación de unas leyes que “adaptaban” los regímenes de propiedad de la tierra en la selva. Se trataba de 36 decretos leyes aprobados por el gobierno como parte del paquete del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Finalmente algunas leyes fueron derogadas. Los nativos retornaron a sus comunidades. Fueron muchos días y también hubo momentos de gran tensión social. El gobierno ofreció abrir mesas de dialogo y equipos de trabajo sobre estos temas. Pero este año se volvieron a aprobar, hace unos meses, varios decretos leyes revisando los regímenes forestales en la selva y se produjo la concesión del 72% del territorio de la Amazonia peruana para explotación petrolera. Nunca se consulto con las comunidades indígenas. Otra vez se trataba de “leyes fundamentales” para la aplicación del Tratado de libre comercio con USA, dice la ministra de comercio exterior. Las comunidades indígenas reclamaron. No se les escucho y las leyes fueron promulgadas. Las comunidades indígenas iniciaron un paro hace 55 días, dejaron sus comunidades y se fueron a tomar carreteras de acceso a sus propios territorios. No se les escuchó. Se crearon mesas de dialogo en Lima que no resolvían nada. Miles de indígenas seguían esperando viviendo al borde de las carreteras. Les mentían y les mentían. El jueves 4 el Congreso desestimó las acciones de inconstitucionalidad presentadas por la Defensoría del Pueblo, algunos partidos políticos y otras instituciones. No les interesó nada. Ese mismo día se desplazaron cientos de policías a la zona de carretera en Bagua donde miles de indígenas Awajun y Wampis están viviendo y cerrando una carretera. El jueves por la tarde se veían venir los hechos del viernes. El viernes 5 al amanecer, un contingente de varios cientos de policías intentó desalojar a los miles de indígenas. La policía apareció por los cerros que rodean la carretera con la orden de dispersar sin dialogar. El líder nativo Santiago Manuin, que se encontraba en primera línea, intentó dirigirse a los policías pero los policías siguieron disparando botes de gases lacrimógenos lo cual enojó al grupo congregado. Aparecieron helicópteros a lanzar más bombas lacrimógenas. Como los nativos no se acababan de retirar, la policía comenzó a disparar sus armas reglamentarias, primero al aire y después al suelo. Algunas de las balas rebotaron en el suelo y mataron a un nativo e hirieron a otros. El grupo se exaltó e intentó avanzar hacia los policías que comenzaron a disparar directamente a la gente. El entorno de la carretera se convirtió en un campo de batalla. Fueron heridos 169 nativos, la mitad de ellos de bala. Los heridos fueron cargados por sus compañeros y llevados a postas o casas cercanas. Los muertos se quedaron en la carretera que luego fue tomada por la policía y no dejo acceder a nadie el resto del día. Solo bajaban helicópteros llevando cuerpos, heridos de la policía y cadáveres de nativos muertos. Tenemos constancia de 31 muertos. Líderes indígenas dicen que, de acuerdo a sus cálculos, hay 103 nativos asesinados. El gobierno dice que murieron solo 3 nativos en ese enfrentamiento (y otros 6 en choques en otros lugares). Es evidentemente imposible que hubieran 169 heridos, la mitad de bala, algunos muy graves… y solo 3 muertos. Solo Santiago Manuin, un apu awajun al que los jesuitas estamos directamente protegiendo por encargo del obispo, tenía 6 impactos de bala. Está vivo de milagro. En ese enfrentamiento generalizado un grupo de nativos rodeó, desarmó y mató a ocho policías. Después la batalla se extendió a otros sitios. Otro grupo de 11 policías en una estación petrolera en Imaza, internándose en la selva, fue asesinado. Eran parte de 38 que habían sido retenidos por nativos desde hacia días. Fueron atacados por personas exaltadas, recibiendo noticias confusas sobre la muerte de familiares, amigos y líderes nativos en el enfrentamiento anterior. El Estado no fue capaz de preverlo: abandono a su suerte a estos 38 policías secuestrados. Los policías, como los nativos, son otra vez el lado frágil de la cadena, los pobres que mueren. El gobierno los manda a enfrentar miles de nativos. Era imposible pensar que no lastimarían o que no serian lastimados. No sabemos si el gobierno fue inmensamente inepto o directamente criminal, pero el hecho es que puso a policías y nativos en una situación en que era imposible que no se mataran entre sí. El dolor de las familias de los policías y de las comunidades indígenas diezmadas es inmenso. Esta es zona de misión jesuita por tanto hemos dedicado nuestros esfuerzos a ayudar heridos, a acompañar a las familias de las victimas, a tratar de calmar los ánimos. El gobierno decretó toque de queda, estado de emergencia y trasladó al Ejercito. Los nativos están retornando a sus comunidades espantados, desconcertados por lo sucedido. Llevamos unos días corriendo de aquí para allá en distintas iniciativas de ayuda humanitaria. El 5 de junio será recordado como un día de espanto en nuestra historia. El presidente García y su gobierno insisten en una “conexión” internacional detrás de las protestas. Los que conocemos a la comunidad awajun sabemos que eso es imposible. El tema de fondo es simple: dinero. La selva está concesionada a empresas petroleras y forestales y no pueden volver atrás. No pueden dialogar nada con los nativos, no pueden ceder. Estamos espantados con lo sucedido. Para Lima y gran parte de los medios de comunicación los responsables son los indígenas violentos. El gobierno está satisfecho porque se ha restaurado la ley y se ha retomado la carretera. No se habla de las leyes inconstitucionales aprobadas contra la ley. Ni hay ningún mea culpa por los tantos peruanos muertos y heridos. Ahora sigue el toque de queda, se esta buscando lideres y desapareciéndolos, hay decenas de nativos en las cárceles y otras decenas en los hospitales. Hay un discurso oficial que insiste en la responsabilidad de los salvajes selváticos, manipulados por Chávez y Morales. Este jueves hay paro nacional y tememos que otra vez otra vez la represión del gobierno genere situaciones terribles que lamentar. Algunos lideres del gobierno tratan de desandar lo andado, abrir mesas de dialogo. Hoy se convocó a la conferencia episcopal para mediar. Las leyes no son derogadas pero será “suspendida” su aplicación. Hay una tensa calma. Oremos para que esto se detenga. El problema es que el modelo económico peruano no puede realizarse sin imponerse sobre las poblaciones indígenas. Si ahora se calman las cosas será sólo por un tiempo. Las grandes empresas ya están en la selva y seguirán llegando. Hay mucho, mucho dinero en la madera, gas y petróleo que hay que sacar. Y para eso los nativos viviendo en los bosques, cuidando agua y animales, son un problema que será preciso eliminar o reducir al mínimo. Relatado por Miguel Cruzado, sacerdote jesuita y sociólogo peruano. Testigo presencial de los hechos.

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