Deserción escolar y Trabajo Social

Deserción escolar y Trabajo Social

                                       Carlos Eduardo Cáceres Torres[1]
Resumen
El análisis de la deserción escolar en el Perú aún es insuficiente y como fenómeno social presente tanto en ámbitos urbanos como rurales, por lo tanto es necesario encontrar caminos de análisis y de abordaje de la deserción escolar como problemática social. Si bien es cierto ocurre en el ámbito educativo, sus causas están cimentadas en el ámbito familiar y social e implican una serie de circunstancias que vale la pena preguntarnos ¿Qué aspectos deben ser considerados? ¿Cuáles son los momentos cruciales antes que ocurra la deserción escolar? ¿Cómo debería ser abordada desde el trabajo social?
El presente artículo no pretende analizar la deserción escolar solo como fenómeno social, consumado, y mostrar sus causas y consecuencias, tratando de agotar la discusión con un enfoque determinista. Por el contrario pretende plantear un análisis bajo la pregunta ¿cómo nos adelantamos a la deserción?
La idea es repensar la deserción escolar, identificar alertas o señales que nos puedan permitir identificar casos en presunto riesgo de deserción y tomar las medidas necesarias para evitar que se consume. También comenzar a construir discursos que replanteen esta problemática, buscando caminos que unan una perspectiva sociocultural y una perspectiva creativa, otorgándoles sentido a la educación y haciendo más sólidos y significativos los logros del/las estudiantes.
Primero analizamos la problemática de la DE desde una perspectiva conceptual, revisando problemas asociados al trayecto escolar; segundo algunos aportes teóricos al análisis desde los ámbitos familia, I.E., situación socioeconómica; revisión de la estadística relativa a la DE; Y finalmente las posibles señales o alertas de la DE y delineamos algunas ideas para formular propuestas de intervención.




Summary
The analysis of dropout in Peru is still insufficient and as a social phenomenon present in both urban and rural areas, so it is necessary to find ways of analysis and approach to social problems such as dropouts. While happens in education, their causes are grounded in the family and society and involve a number of circumstances that it is worth asking what aspects should be considered? What are the crucial moments before dropout occurs? How should it be approached from social work?
This article is not intended to analyze dropouts only as a social phenomenon, consummate, and show its causes and consequences, trying to exhaust the discussion with a deterministic approach. Rather it seeks to raise assumes an analysis under question how we anticipate the defection?
The idea is to rethink dropout, identify warnings or signals that allow us to identify suspected cases of desertion risk and take steps to avoid being consumed. Also start building speeches rethink this issue, seeking ways to join a sociocultural perspective and a creative perspective, giving meaning to education and making more solid and significant achievements / students.
First we analyze the problem of ED from a conceptual perspective, reviewing problems associated with school route; second some theoretical contributions to the analysis from the family fields, IE, socioeconomic status; reviewing statistics on the DE; And finally the possible signals or alerts for ED and outline some ideas for formulating proposals for intervention.













Aun cuando el rendimiento, la repitencia, el atraso y la deserción son fenómenos estrechamente relacionados, la dinámica de la deserción se encuentra poco estudiada en el Perú. Más aún, si se valora el hecho que los alumnos se mantengan en las escuelas, independientemente de su rendimiento, debería tener mayor atención el que algunos niños trunquen su educación en cierto momento de su vida escolar y nunca regresen, que aquellos que la terminan.[2]


1.    ¿Cuando Hablamos de Deserción Escolar?
Una primera definición es la que proponen Bachman, Green y Wirtanen en 1971. (Lavado y Gallegos, 2005: pág. 10). Señalan que las deserciones son originadas por aquellos estudiantes que interrumpieron su asistencia al colegio por varias semanas por diferentes razones, diferentes sólo a aquellas por enfermedad. Morrow en 1986 (Lavado y Gallegos, 2005: pág. 10).  Amplía la definición haciéndola más rigurosa, en la que dice que se considera a la deserción como un evento que ocurre cuando un estudiante que estuvo previamente matriculado en la escuela, la dejó por un período prolongado de tiempo y no se matriculó en otro colegio.
Entonces hablamos de deserción escolar cuando el/la estudiante ha dejado de estudiar de manera permanente y/o no se ha matriculado en ninguna de las alternativas que ofrece el sistema educativo peruano. Es un estadío variable en la medida que el adolescente se matricule y continúe sus estudios.
Un concepto asociado a la deserción es el fracaso escolar y está referido al hecho de no lograr el nivel académico mínimo obligatorio en la edad normativa, que para el caso del Perú en la Educación básica regular (EBR) culmina a los 16 años. Esta noción no debe confundirse con el abandono escolar prematuro, que implica un retiro del estudiante a una edad temprana, que en la mayoría de los casos genera estudiantes en extraedad[3]. Es importante mencionar que la expresión «fracaso escolar» ha sido cuestionada, debido a la connotación peyorativa que implica, pues parece señalar que quienes no alcanzan un grado o nivel educativo se están convirtiendo en personas fracasadas.
Además, estos términos parecen endilgar la responsabilidad sobre el logro educativo hacia los estudiantes, no teniendo en cuenta que el éxito escolar es un proceso complejo en el que, también intervienen diferentes factores al interno de la comunidad educativa como factores externos y/o estructurales, como la pobreza.
En primer término, vemos la necesidad de cuestionar el término deserción escolar, al no reflejar la situación que le ocurre al estudiante y su exclusión del sistema educativo. Para ello debemos analizar aspectos socioeconómicos, culturales, familiares y de manera preferente la contextualización de la problemática debido a que se manifiesta con sus particularidades. Por otro lado a nivel personal es importante cuestionar el concepto que implica decisión propia, ¿acaso el estudiante decide desertar a la escuela? ¿La adolescente embarazada que deja de asistir ha decidido abandonar la escuela? ¿El estudiante que es enviado por sus padres a trabajar a una zona urbana ha decidido dejar de estudiar? En realidad el o la estudiante que sale del sistema educativo muchas veces no tiene otra opción, es el sistema educativo, sus instituciones y actores, quienes no han podido atenderlo en la magnitud que lo requiere y lo termina excluyendo.
También debemos diferenciar la deserción de la interrupción de la escolaridad, que muchas veces es abordada erróneamente bajo una perspectiva del individuo, por lo tanto se le responsabiliza de su continuidad y se busca la solución hacia el individuo, a pesar que las corrientes críticas coinciden en que es el sistema quien expulsa al estudiante del aula y la escuela.
“…discutir el tema de la interrup­ción y no del fracaso escolar se basa en dos reflexiones: en primer lugar, es una crítica frente a una mirada de falsa meritocracia que caracteriza a los estudios liberales que colocan sobre los sujetos la responsabilidad de su resultado escolar negando, o evitando ver, la existencia de un sistema social que funciona de tal forma que las diferencias sociales pueden ser re­producidas.”[4] (Olivera, 2010: pág.116) Vemos que hay un intento por repensar el fenómeno, pero aún es insuficiente.



La deserción escolar. Aportes teóricos ¿Cómo y por qué se origina la deserción? ¿Cuáles son sus causas?
Muchos investigadores han analizado la problemática de la deserción escolar, tomando como punto de partida diferentes aspectos, algunos desde el lado de los padres de familia; Otros desde la mirada del manejo de las Instituciones educativas; también hay otros que lo analizan desde el lado socioeconómico. Aquí algunas miradas que nos pueden ayudar a construir una idea más completa de esta problemática:

Sobre los padres de familia
Con respecto a los padres y madres y su nivel educativo, este factor podría tener una alta incidencia en la favorecer la culminación escolar oportuna. “Mientras los padres eran más educados, la probabilidad de desertar era menor”. Hill, Fitzpatrick y Yoels (Lavado y Gallegos, 2005: pág. 11). Sin embargo el nivel educativo alto puede ser rebatido por otros argumentos ligados a la personalidad, al ejercicio profesional, a aspectos psicológicos. Como plantea Alexander, Entwisle y Horsey (1997). “Los Cambios emocionales dentro de la familia, la actitud de los padres, el rendimiento escolar y la conducta de los niños son indicadores que nos permiten tener una mejor lectura de las probabilidades de la deserción escolar”.

Sobre la permanencia en el sistema educativo y su relación con las edades de ingreso y retiro o deserción, Ahlburg, McCall y Assaad (2001) Plantean que “los niños/niñas que tardan en ingresar al colegio suelen dejarlo a edades más tempranas y, finalmente, la educación de los padres (la de ambos por igual) afecta las decisiones sobre la educación de sus hijos”.

Por otro lado Lareau, (2002), Mickelson (2003) y Epstein (2005). Trabajan sobre el concepto de los capitales de Bourdieu y sostienen que “niños y niñas con padres más educados tienen mayores posibilidades de tener éxi­to en la escuela”. Sustentan sus argumentos en varias razones:
·    El mayor apoyo de los padres y madres en el proceso escolar de sus hijos e hijas.
·    Existencia de discursos positivos sobre la escuela en la familia.
·    Porque hay una familiaridad con la cultura escolar.
·    Existiría una mayor disponibilidad de los padres/madres de familia a invertir en la educación de sus hijos.[5]
Theiton se acerca más a la complejidad del problema y aborda el aspecto de género y la pobreza, pero más importante entra al centro y la razón de ser del presente artículo la prevención de la deserción.  De acuerdo con Theiton, “el problema principal no es la matrícula, sino cómo evitar que los estudiantes deserten. Asimismo, aun cuando se sabe que las causas son factores asociados a los bajos ingresos familiares, también es consecuencia de la desvalorización generalizada de educar a mujeres, sobre todo en áreas rurales u hogares pobres. Asimismo, en las zonas rurales se espera que las niñas trabajen desde temprana edad en las labores domésticas, aún de manera más temprana que de lo que se espera que los niños empiecen a ayudar en las chacras”. (Lavado y Gallegos, 2005: pág. 24).

Sobre las Instituciones educativas
Con respecto a las Instituciones educativas se ha analizado desde la gestión escolar desde su institucionalidad hasta la práctica pedagógica en sí misma y los efectos que generan. En cuanto a los aspectos financieros y de gestión Pablo L., y José G. comentan “Los colegios que reciben mayores recursos estatales presentan menores tasas de deserción” (Lavado y Gallegos, 2005: pág. 12). Esta afirmación puede entenderse en la medida que los recursos estatales pueden significar mejores servicios, traducidos en aulas, equipos, iluminación, infraestructura general, etc. Sin embargo no se puede tomar una posición determinista al respecto.

La institución Educativa, la escuela en su máxima acepción es un ente con gran poder simbólico, en torno a ella giran una serie de variables que podrían afectar directamente la continuidad de los estudiantes, de acuerdo a lo que plantean Rumberger y Thomas (Lavado y Gallegos, 2005: pág. 12).  “los colegios poseen una poderosa influencia en el logro de sus estudiantes y, en consecuencia, les atribuye casi la mitad de las deserciones”. En ese sentido se pueden asociar a factores tales como la relación entre la/el estudiante como actor y la escuela como institución, en relación a variables tales como democracia escolar, tipo de trato, identificación, etc. incluso aspectos emocionales, donde cabría preguntarse ¿Cómo se siente el estudiante dentro del sistema escolar’, ¿es atractivo para él/ella?
Como bien explica Patricia Ames (Ames, 2002: pág. 21) “El rechazo y la desconfianza por un lado y el deseo de integración y progreso por otro no son, sin embargo, necesariamente excluyentes, sino que más bien reflejan la tensión presente frente a la escuela”[6] “porque todo estudiante que deja o no asiste a la escuela no lo hace por querer”[7] remata Yenncy Ramirez. (Ramírez, 2010: pág. 24)
El momento crucial del abandono debe analizarse también con detenimiento, se sabe que los años donde acentúa la deserción escolar es al inicio y al final de la secundaria, es decir 1° y 5° grado. Uno de los elementos en juego es el nivel de interés de los estudiantes, la motivación generada desde el aula.
Yenncy Ramírez destaca que la decisión de abandonar la escuela (desertar) es producto del aburrimiento generado por la forma como enseñan los maestros, principalmente porque sus enseñanzas (contenidos) no son significativas para los/las estudiantes y por lo tanto considerarían que no tiene ningún sentido seguir. Esta afirmación podría ajustarse a un sector más pequeño de los estudiantes de secundaria, aquellos que están en capacidad de tomar decisiones y no dependen de una familia, probablemente a los estudiantes de últimos años y con una edad o madurez personal u otras características que permitan generar las condiciones mínimas necesarias. La autora plantea algunas alternativas para abordar el tema “…existen escuelas que trabajan en torno a la creación de proyectos que los alumnos diseñan y llevan a cabo, flexibilizan el currículo y lo hacen más interesante para sus alumnos”. (Ramírez, 2010: pág. 56)
La Extraedad, que es una consecuencia de problemas previos de ausentismos o deserción escolar, a la vez es una causa de futuros problemas. Sabemos que los estudiantes con extraedad tienen una incidencia más alta de probabilidades de ser estudiantes desertores en el futuro. Con respecto a la Extraedad “el Ministerio de Cultura de Colombia plantea que es el desfase entre la edad y el grado y ocurre cuando un niño o joven tiene dos o tres años más, por encima de la edad promedio, esperada para cursar un determinado grado.”.[8]

Sobre la situación socioeconómica y el trabajo
La situación socioeconómica asociada a la deserción es muy importante pues la estadística indica que la pobreza es la principal casusa de la deserción. Y la pobreza viene asociada a otras problemáticas como el subempleo, la desnutrición, la falta de medios de transporte, la falta de materiales para estudiar (lápices, cuadernos, libros, etc) y esta situación se agrava mientras más condiciones de ruralidad tenga. Muchos adolescentes en edad escolar tienen que trabajar para apoyar en su casa ante las carencias económicas que atraviesan. Esta condición pone a muchos estudiantes trabajadores  en una condición desfavorable, frente a otros estudiantes que no tienen impedimentos de carácter económico y se pueden dedicar a estudiar de manera exclusiva. Assaad, Levison y Zibani en el año 2000 consideran que el impacto de que un niño o niña trabaje es perjudicial para su asistencia a la escuela. (Lavado y Gallegos, 2005: pág. 13).

Sin embargo, como dice Inés Olivera “…el trabajo no imposibilita radicalmente la continuidad escolar y que, en determinadas condiciones, es posible para algunos/as jóvenes combinar trabajo y estudio” (Olivera, 2010: 120). Es un reto el diseño de políticas públicas que permitan reconocer la dimensión del trabajo en circunstancias especiales teniendo en cuenta factores geográficos, culturales y sociales. Invisivilizar la realidad del trabajo de la infancia y la adolescencia no contribuye a ninguna solución, por el contrario potencia la deserción escolar.

De acuerdo a un estudio realizado por Ensminger y Slusarcick en 1992 donde se delineó en las conclusiones que en niñas, niños y adolescentes se debería medir la evolución de su rendimiento escolar, su conducta y su contexto socioeconómico para observar las probabilidades de deserción. Por otro lado Jacoby encuentra que “los niños de hogares con menores ingresos, con menos tenencia de activos durables, que tienen hermanos menores y responsabilidades de cuidado sobre ellos presentan una probabilidad mayor de dejar la escuela de manera temprana” (Lavado y Gallegos, 2005: pág. 13); a su vez Rodríguez en 1999 menciona   que “las adolescentes de zonas rurales están en mayor riesgo de deserción”. (Lavado y Gallegos, 2005: pág. 14).

Cueto y Rodríguez en 2003 comprueban “…la importancia que tienen los factores ajenos a la escuelas, entre los cuales algunos no pueden ser modificados con políticas educativas exclusivamente (por ejemplo, nivel socioeconómico de la familia, disponibilidad de ambiente adecuado de estudio y presencia de la madre, entre otros. (Lavado y Gallegos, 2005: pág. 14).

El componente familiar también es crucial para la culminación oportuna, el papel que juegan las madres y padres tiene un peso muy fuerte. Las situaciones de abandono y la falta de atención de políticas de estado efectivas no solo ponen en desventaja a estos estudiantes, sino que los pone al borde de la deserción.
La deserción escolar es en definitiva la culminación de un proceso de dificultades que han venido afectando al estudiante a lo largo de sus años de estudio. Antes de desertar, el estudiante probablemente repitió el año, con lo que se alargó su trayecto escolar, bajó su autoestima y comenzó, quizás sin ser consciente de ello, a perder la esperanza en la educación. En consecuencia, para comprender el punto final de la deserción escolar, se debe analizar más detenidamente la variable repitencia. Ella es una de las mayores causas de deserción escolar: un repitente, con la carga estigmatizante subjetiva tan fuerte, tiene alrededor de un 20% más de probabilidades de abandonar el sistema escolar. Mientras exista la posibilidad de repitencia, existirá una escuela que no ha sido capaz de asumir su misión educadora.

Condicionantes y Señales de posibles casos de riesgo de Deserción

"...en lugar de hablar de deserción educativa, deberíamos decir "retiro del sistema educativo", pues los niños y adolescentes no son quienes toman esta decisión sino sus padres o tutores..."[9]

Existen una serie de condicionantes, de situaciones, de factores que nos pueden ayudar a identificar presuntos casos de deserción y que pueden ser muy útiles para pensar en nuevas formas de intervenir y que estrategias serían las más convenientes para proponerlo desde el Trabajo Social:

Ø  Estudiantes con bajo nivel de aprendizaje.
Ø  Falta de motivación e interés para realizar las actividades escolares.
Ø  Problemas de conducta, que muchas veces, han sido factor de una serie de “expulsiones” de diversas instituciones educativas.
Ø  La existencia de oferta educativa rural a mayores distancias que, por lo tanto, implican un mayor costo relativo para aquellas familias pobres que deciden enviar a sus hijos a la escuela secundaria.
Ø  El retraso escolar y por consiguiente la extraedad se constituyen en un factor decisivo para la continuidad escolar y el riesgo de deserción.
Ø  Las adolescentes con hermanos menores en primaria tienen mayor riesgo de deserción debido a la responsabilidad extendida que sus padres y/o madres depositan en ellos como colaboradores dentro del seno de la familia, en algunos casos como proveedores, contribuyendo con sus hermanos y/o hermanas producto de algún trabajo o sustituyendo a sus padres en el cuidado dentro del hogar.
Ø  Estudios recientes confirman que también existen causas de mucho impacto relacionadas con aspectos escolares, en los que si tenemos capacidad de incidir. Y que por lo tanto las acciones de prevención que se puedan realizar en el ámbito de la Institución Educativa como en la articulación familia-comunidad podría generar resultados interesantes.
Ø  Asimismo, el atraso escolar y, en consecuencia, la repitencia, es un determinante importante para que, independientemente del género, aumente la probabilidad de dejar la escuela. El sistema educativo tradicional basado en la retención de un niño en un determinado año escolar como consecuencia de su bajo rendimiento podría llegar a ser más perjudicial de lo beneficioso que se creería.
Ø  La situación económica de la familia es un factor de mucha importancia, sobre todo para las familias pobres extremas.
Ø  Los niños y niñas rurales que no pertenecen al núcleo familiar presentan una mayor tasa de deserción. De ahí la importancia de involucrar a las familias en todo el proceso educativo de sus hijos e hijas.




Algunos Datos Estadísticos sobre deserción escolar

Mientras que en el área urbana el 69,1% de las y los adolescentes sí termina la secundaria en la edad normativa, sólo el 35,7% lo hace en el medio rural.

Según los indicadores de la educación en el Perú del 2008, producidos por el sistema de estadística de la calidad educativa del Ministerio de Educa­ción del Perú, para el caso del nivel secundario, apenas el 74.8% de jóvenes a nivel nacional, de 12 a 16 años, está matriculado. En el caso del área rural, la caída de la tasa neta de matrícula entre ambos niveles llega a 30 puntos porcentuales; teniendo una tasa neta de matrícula de 94.1% en la primaria y de 64% en la secundaria. Para el 2008, la tasa de deserción escolar a nivel nacional de 6.7% en la secundaria. Según este dato, el atraso escolar de estudiantes a nivel nacional en instituciones educativas públicas estaba presente en un 21.6% en la secundaria.[10]
En países como Colombia, Perú y Panamá, hay grandes cantidades de estudiantes matriculados en la educación secundaria, pero de un 20% a 40% dejan la escuela. Según el Plan Nacional de acción por la Infancia y la Adolescencia (PNAIA), el porcentaje que culminaba la educación secundaria en el año 2003 entre los 17 y 18 años de edad era de 49,0%, para el año 2009 esta cifra pasó a 57,3%. Si comparamos los ámbitos urbano y rural existe una brecha importante. Mientras que en el área urbana el 69,1% de las y los adolescentes sí termina la secundaria en la edad normativa, sólo el 35,7% lo hace en el medio rural.       
              Esta situación es importante porque puede indicar la continuidad de los niveles de pobreza en caso no se incremente la culminación del ciclo escolar. En cuanto a los departamentos, los que tienen una tasa de conclusión más baja son Loreto (34,0%), Huánuco (35,0%) y Huancavelica (33,1%). El PNAIA también informa respecto a deserciones escolares, menciona que se nota la diferencia entre las áreas de residencia urbana (6.9%) y rural (11.5%); por nivel de pobreza, en aquellos que se encuentran en un nivel no pobre (6.9%) y pobre extremo (12.9%); mientras que el valor más alto lo tiene el departamento de Ucayali (22.4%) y los valores más bajos son los de Apurímac (4.4%), Cusco (4.5%), Huancavelica (4.1%), Moquegua (4.3%) y Tacna (4.4%).
    Información recogida de la Unidad de Estadística Educativa del MINEDU
·        Total de estudiantes de secundaria: 2 millones 456 mil 520.
·        Unos 90 mil adolescentes aprox. entre 12 a 16 años viven en las zonas rurales
·        Tasa de asistencia a la secundaria rural de estudiantes de 12 a 16: 90.1%
·         En las zonas rurales hay en promedio un profesor para cada 11 alumnos.
·        Asistencia a la secundaria:
2008: 76.2%; 2011: 80.0%; 2013: 81.5%
·        Estudiantes repetidores total secundaria:
2008: 5.3%; 2011: 4.8%; 2013 4.5%
·        Estudiantes repetidores de 2° de secundaria
2008: 6.6%  Uno de cada 20 adolescentes es repetidor.
·        Tiempo promedio de traslado en las zonas rurales de Puno de la vivienda a la IE es de 70 minutos, y a nivel nacional es de 77 minutos.
·        Año 2013: Distribución porcentual de las personas con edades de 13 a 19 años que no han terminado un nivel o etapa educativa y no se encuentran matriculadas en ninguna institución educativa por razón de no matrícula
Ø  problemas económicos 39%
Ø  problemas familiares 17.4%
Ø  se dedica a quehaceres del hogar 10.3%
Ø  enfermedad 5%
Ø  no quiso estudiar 25.6%
Ø  no hay centro educativo 1.7%.

·        Estudiantes con atraso escolar en zonas rurales 29.8% en el 2014. Uno de cada 4 estudiantes está fuera de la edad normativa (extraedad)
·        Porcentaje de adolescentes que ya son madres o están embarazadas por primera vez de 15 a 17 años en zonas rurales 11.7% (año 2013). De cada diez niñas una podría estar embarazada o podría estar en riesgo de quedar embarazada.
·        Tasa de deserción acumulada (% de población del grupo de edades relevante que no ha completado el nivel o etapa educativa)  13.4% en 2005 y 8.5% en el 2013.
·        Distribución de la población con edades 13-19 que ha dejado de estudiar por razón de deserción (% del total)  en zonas rurales:

Ø  problemas económicos 34.8%
Ø  problemas familiares 17.4%
Ø  se dedica a quehaceres del hogar 8.2%
Ø  no quiso estudiar 31.2%

·         Aproximadamente, el 80% de los desertores provienen de hogares cuyos padres alcanzan a lo más completar la educación primaria.(Lavado y Gallegos, 2005: pág.9)
·         Se puede observar que de 100 niños que se matriculan en primer grado, 96 de ellos llegan a terminar el sexto grado de educación. El paso a la educación secundaria es más dramático, dado que de los 96 que llegaron a completar la primaria, 80 llegan a terminar la secundaria. (Lavado y Gallegos, 2005: pág.9)
·         Para ambos sexos el riesgo más elevado de desertar se ubica en primer año de secundaria: 6% para los hombres y 7% en el caso de las mujeres.
·         El efecto de vivir en áreas rurales aumenta, en promedio, en 74% la probabilidad de dejar la escuela.
·         La mayor probabilidad de riesgo se presenta en el primer año de educación secundaria.
·         El paso a la secundaria es el punto más crítico y que las tasas son más altas conforme más pobres son las familias.
·         Si se tomara en consideración la ubicación geográfica, se vería que los niños, niñas y adolescentes de las zonas rurales de la Selva son los que presentan una mayor probabilidad de deserción, probablemente, también, por la falta de oferta o lejanía de ésta.
·         Los adolescentes rurales con hermanos menores de 6 años son más propensos a dejar la escuela.
·         Sobre los programas de transferencias monetarias (JUNTOS) se desprende que éste puede tener un efecto sobre la disminución de la tasa de deserción entre 14% y 36%, siendo las zonas rurales en donde el efecto es mayor, y sobre todo en las niñas.
·         Las políticas dirigidas a la reducción del % de estudiantes que ingresan tardíamente al primer grado de primaria serán determinantes para aumentar la asistencia y la culminación oportuna.
·         Las faltas injustificadas reiteradas pueden convertirse en ausentismo y pueden favorecer la deserción













¿Cómo podríamos pensar la intervención desde el Trabajo Social?

Como estrategias de intervención para enfrentar la deserción escolar debemos establecer no solo estrategias de identificación o diagnóstico, sino atacar de manera directa las causas del problema con diferentes acciones que promuevan el buen trato y el clima saludable dentro de la IE. Se deben trabajar con el comité de tutoría, el director, los padres y madres de familia, así como con los profesores. Considerando que la deserción se manifiesta principalmente en la educación secundaria, cuyos picos más altos se presentan entre el 6° grado de primaria y 1° de secundaria, y como segundo momento clave a partir del 4° y 5° grado de secundaria.

Las  escuelas son los espacios indicados para identificar tempranamente los problemas sociales de niños, niñas y adolescentes. Sin embargo, el buen desarrollo y el bienestar de los/as estudiantes se sitúa en el contexto social más amplio en el que se ubica la I.E. (Ministerio de Educacion, 2013). Para atender los problemas educativos en la secundaria rural, no basta con intervenir en el nivel de las I.E, sino que es necesario involucrar a estudiantes, padres y madres de familia, la comunidad y los diversos actores locales, ya sean individuos, organizaciones, e instituciones (Cueto, 2004: ). Es decir, se requiere la integración de diversos actores sociales, económicos, productivos, culturales de la  comunidad. La labor del trabajadora/a social es afianzar una relación de calidad entre estos actores, así como sensibilizarlos y fortalecer sus capacidades para la identificación, abordaje y seguimiento de casos en riesgo de deserción. Para realizar esta tarea podríamos utilizar las estrategias de mapeo y análisis de actores.

Por otro lado toda intervención debe considerar un sistema de monitoreo y alertas de presuntos casos en riesgo de deserción en coordinación directivos de la IE, comité de tutoría, autoridades de la comunidad y padres/ madres de familia. Las variables que se deberían considerar:

1. Extraedad. (Mayor a dos años de la edad normativa)
2. Inasistencia por cinco días consecutiva o no consecutiva durante un mes.
3. Notas desaprobatorias en dos o más cursos en el último bimestre o trimestre cuando se recoge la información.
4. Extrema pobreza.
5. Estudiante con más de tres hermanos menores.
6. Repitencia.
7. Estudiantes que trabajan.
8. Estudiante que va a ser padre o madre.
9. Situaciones socioemocionales graves.
10.  Estudiante con enfermedad o dolencia que le impide su movilidad.

La presencia de más de dos de estos dos indicadores podría estar configurando una situación de riesgo de deserción y con más de tres o cuatro estaríamos frente a un caso de alto riesgo de deserción. Con la salvedad de situaciones como el embarazo, ser víctima de agresión o violencia, o encontrarse en situación de abandono que representan situaciones inminentes de deserción que deben ser atendidas de manera inmediata.

Aspectos clave en una intervención:
·    Articulación Institución educativa y comunidad.
·    Fortalecimiento de instancias participativas que desarrollen acciones de vigilancia.
·    Acciones de sensibilización específica con padres y madres de familia.
·    Promoción de la participación de estudiantes.

Finalmente:
·         Toda intervención debe darse en el marco del Buen trato, muy necesario para el desarrollo de las y los estudiantes, ello hará la diferencia en su vida.
·         Propongamos expectativas/proyectos para que los estudiantes trabajen con sus maestros y así, se garantizarán de que cumplan con dichas expectativas.
·         Los talleres para nuevas organizaciones estudiantiles (liderazgo, entre otros) preparan y les dan la oportunidad para que participen en actividades de la comunidad, así como, se ayuden a sí mismos y a otros.
·         Ayúdenlos a que se interesen en actividades extracurriculares tales como deportes, música, etc.
·         Colaboren con ellos para que se presenten, todos los días, a tiempo a la escuela. En una realidad rural tener las consideraciones y la flexibilidad expresa que el caso amerite.
·         Sensibilicemos a padres/madres  y a los mismos estudiantes cómo el ausentismo escolar afecta su rendimiento y su posterior desarrollo personal.
·         Desarrollemos confianza y autoestima en nuestros estudiantes, que no sea cuestión de suerte, es un aspecto que se debe trabajar día a día.
·         Implementemos una cultura del reconocimiento, cada estudiante tiene una aptitud personal, reconozcámosla, valoremos su esfuerzo, felicitemos y alentemos permanentemente su trabajo.
·         Lograr una articulación permanente entre los docentes, padres de familia y el comité de tutoría.
·         Prevención. Es necesario establecer un listado de indicadores de riesgo o inminencia de la deserción para trabajar sobre esos puntos.
·         Integrar acciones de la escuela, la familia y el estudiante para prevenir sus causas, mantener un estado de alerta y reaccionar ante la presencia de indicadores de riesgo.
·         Establecer mecanismos de seguimiento para identificar estudiantes en presunto riesgo.
·         Reaccionar con rapidez ante la presencia de factores de riesgo.

Es necesario seguir reflexionando sobre el tema, profundizando. Pero es necesario generar una mirada multidisciplinaria en la educación. Así mismo, es importante indicar que de acuerdo a la información del Banco Mundial[11], los problemas que enfrenta la escuela están estrechamente relacionados con los entornos personales, familiares y sociales de sus miembros, y situados en el contexto más amplio de la comunidad y la sociedad. Al mismo tiempo, la escuela constituye un espacio apropiado para identificar los problemas psicosociales de los adolescentes y ofrecer un apoyo preventivo. En ese sentido, es importante trabajar el buen desarrollo y el bienestar de los y las estudiantes en el contexto social más amplio en el que se ubica la escuela y en el que crecen los estudiantes. No solo basta con los aspectos pedagógicos dentro del aula. Los aportes que podría lograrse desde el trabajo social con un enfoque comunitario podrían ser claves para una educación sin límites.






Bibliografía

1. La dinámica de la deserción escolar en el Perú, Pablo Lavado y José Gallegos. U. Pacífico.
2. Inés Olivera, Interrupción escolar y arreglos familiares.
3. Tesis: La calidad de la gestión educativa y la deserción escolar. Yenncy Petronila Ramírez Maldonado
5. Para ser iguales, para ser distintos. Educación, escritura y poder en el Perú. Patricia Ames 2002
6. Manual para prevenir riesgos de abandono escolar, México. 2013
7. http://escale.minedu.gob.pe/downloads/indicadores/2008/cuadro. HTML
8.    Cueto, S. (2004). Factores Predictivos del Rendimiento Escolar, Deserción e Ingreso a Educación Secundaria en una Muestra de Estudiantes de Zonas Rurales del Perú. Education Policy Análisis Archives, 12(35), 1–28. Retrieved from http://epaa.asu.edu/epaa/v12n35/






[1] Peruano, Trabajador Social y Magister en Sociología de la Educación. Labora en Ministerio de Educación del Perú. ccacerest@minedu.gob.pe
[2] La dinámica de la deserción escolar en el Perú, Pablo Lavado y José Gallegos. U. Pacífico. Pág. 8.
[3] Se refiere a aquellos estudiantes cuya edad está por encima de la edad normativa, por ejemplo un estudiante de 1° de secundaria con 14 años de edad.
[4] Inés Olivera, Interrupción escolar y arreglos familiares. Página 116.
[5] Inés Olivera, Interrupción escolar y arreglos familiares. página 122.
[6] Pág. 21. Para ser iguales, para ser distintos. Educación, escritura y poder en el Perú. Patricia Ames 2002.
[7] Pág. 24.Tesis: La calidad de la gestión educativa y la deserción escolar. Yenncy Petronila Ramírez Maldonado.
[8] http://www.mineducacion.gov.co/1621/article-82787.html
[9] Pág. 63.Tesis: La calidad de la gestión educativa y la deserción escolar. Yenncy Petronila Ramírez Maldonado.
[10] Disponible desde Internet en: http://escale.minedu.gob.pe/downloads/indicadores/2008/cuadro. HTML? D03. Página 119.

[11] Banco Mundial (2013). Asistencia Técnica para el diseño del programa de apoyo a IIEE para la implementación de la Estrategia Nacional Contra la Violencia Escolar. Perú: Ministerio de Educación.


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